noviembre 23, 2007

Primera noche

E

ra noche, pasaban de las 11:30 y aún me encontraba en mi oficina. Había terminado de programar la primera parte de un proyecto que continuaría la mañana del día siguiente. Cerré mi sesión, miré de nuevo el reloj; era casi media noche, al guardar las llaves en mi morral, encontré entre mis cosas una pequeña memoria USB, era metálica y delgada. La curiosidad, me invadió, prendí la computadora una vez más, simplemente no pude evitarlo; hurgué en el contenido de esta, había solamente un archivo flash… lo abrí:

Lo que ahí encontré fue una nota de fondo amarillo claro y letras cursivas, largas, delgadas y en color negro;

Jetzabel:

Te espero fuera de tu oficina a las 12:15 A.M. Se puntual, no me gusta esperar.


Eso era todo, sin remitente. Primero pensé que podría ser una broma de mis compañeros, ellos sabían que me quedaría hasta tarde, aunque no solíamos jugarnos bromas de este tipo, sobre todo, tan pesadas. Así que lo primero que hice fue ver la hora; 12:10, después opté por mirar a través de la ventana hacia el estacionamiento, este se encontraba justo frente al edificio; solo estaba mi matiz negro, sin más alrededor. Sí, era una broma, uf! Tenia que ser una broma… ¿o no? Después de guardar todas mis cosas y apagar la computadora, por si las dudas, tomé mi gas pimienta, yo era una muchachita de ojos negros, grandes y expresivos, mi cabello era corto y de teñido con un intenso color negro ligeramente azulado, tenia 20 años y aun no terminaba la escuela, pero ya trabajaba, era, sigo siendo, de escasa estatura (por ello el gas pimienta, temía un asalto).

Esa noche el aire era pesado, dificultaba la respiración y hacía un calor infernal, ese que agota. Salí del edificio y me dirigí rápidamente hacia mi vehículo con todo preparado para mañana temprano continuar programando, pero, a cada paso que daba, cada paso que me acercaba a mi automóvil, el aire se hacía más denso, más pesado e inexplicablemente, más frío. A contados metros de mi destino, lo vi… frené de inmediato, mis pulmones se pasmaron, el corazón se aceleró, mi estómago se comprimió, las manos me temblaron y el gas, calló al suelo.

En reiteradas ocasiones había visto a ese hombre sumamente atractivo, delgado pero fuerte, no era alto; como un metro con setenta centímetros de estatura, con unos fieros ojos grandes, de color pardo, y con un indefinible gesto seductor en ellos. Recargado en mi auto, con un mechón de su largo, ondulado y negro cabello caía sobre su gallardo rostro. Vestía con un elegante traje negro, sus zapatos eran iguales; negros y también muy bien lustrados. Mantenía los brazos cruzados, la rodilla derecha flexionada y apoyaba su pie en la llanta trasera, miraba el suelo, cuando escuchó mis pasos, levantó el rostro, sonrió de lado, con placer y sensualidad.

El miedo se apoderó de mi cuerpo, no podía moverme, solo podía mirarlo acercarse lenta pero firmemente hacia mi, me arrebató las llaves del auto, tomó mi morral y mi lap, los introdujo a mi vehículo, lo cerro, tal como estaba en un principio y guardó mis llaves en el bolsillo izquierdo de so saco.

Regreso donde yo estaba, aun sin poder moverme, se colocó detrás de mí, colocó sus fuertes manos en mis brazos, y un escalofrío recorrió mi ser, se inclinó hasta llegar a mi oreja y susurro:

-“Ya era hora, te pedí que fueras puntual, estuve a punto de ir por ti Jetzabel…”-

*¡No era una broma!*

Oprimió con más fuerza, sin hacerme daño pero causándome dolor, me dirigió a su automóvil, o más bien dicho, a su pequeña limusina negra. Él me dominó por completo, abrió gentilmente la puerta y abordamos la parte trasera. Dio órdenes al chofer de dirigirnos al lugar que él ya sabía…

Al inicio del trayecto no hablamos, yo, seguía sintiéndome atemorizada, él, sólo me miraba, a veces sonreía del mismo modo como lo hizo cuando me vio llegar.

No pasó mucho tiempo, cuando él sentado a mi lado derecho se acerco un poco más, pasó su mano izquierda por encima de mis hombros, me abrazó y atrajo hacia él; comenzó a tocar mi espalda; suave y sensualmente, y al mismo tiempo era salvaje, feroz. El miedo se quedó en el camino.

De pronto la limusina se detuvo y llegamos a un restaurante muy elegante. Entramos, él, pidió que se nos asignara su mesa… ésta, se encontraba en un rincón obscuro y frío del lugar, donde la música no era alta y nuestra presencia era inapreciable para los demás, se podía platicar a gusto. Nos sentamos frente a frente y ordenó unas bebidas, sin embargo no quise tomar.

Pasados algunos minutos, en realidad no se cuantos, bien pudieron ser cinco o posiblemente treinta, extendió su larga, varonil y morena mano, me invitó a bailar; tomó mi cintura con su mano izquierda y con la derecha sostuvo mi mano izquierda, mi mano derecha se posó en su nuca, me llevó al centro de la pista, y aún así, no existíamos para los demás. Sonaba una balada lenta, muy lenta, con una gran seguridad me atrajo hacia su cuerpo, pude notar que su piel aunque morena era pálida y ligeramente fría. Me miró y al momento sentí que haría todo lo ordenara, me sentía seducida, cautivada y embriagada, sólo podía mirarlo y dejarme llevar.

Si mal no recuerdo, en la segunda pieza, me besó. Sus labios eran regulares, tersos, tibios. El beso al principio fue suave, dulce, delicado, y poco a poco fue intensificándose, primero mordió juguetonamente mi labio inferior, él movía sus labios lenta y ágilmente, yo correspondí el beso, mi brazo derecho rodeo su cuello y mi mano jugueteaba con su cabellera, mientras que, con mi mano izquierda recorría desde su mejilla hacia abajo, rozando su cuello y quedando finalmente sobre su pecho, él con su mano derecha tomó mi cuello para someterme un poco y con la izquierda recorrió mi espalda hasta la cintura y atrajo con mayor fuerza mi cuerpo hacia el suyo, por un instante sentí que con ese beso me impedía respirar y me absorbía el alma, me asusté, me separé bastante alterada, me hallaba muy agitada. Lo miré atemorizada, él me abrazó e hizo que recargara mi cabeza sobre su hombro y nos movíamos al pausado ritmo de la música.

Pasaron algunas horas y salimos del lugar, la noche era muy obscura, la razón: no había luna, además, ya no hacía calor. Nuevamente me atrajo hacia él, colocó ahora, su mano derecha en mi cintura y la izquierda en mi cuello, repitió la situación del restaurante, ahora el beso duró mas, y al separarnos, con su mano izquierda inclinó mi cabeza a mi derecha, recorrió el largo de mi cuello con el dedo índice de la mano derecha, desabrocho los dos primeros botones de mi blusa verde, separó el cuello de esta dejando al descubierto parte de mi cuello y pecho, comenzó a besarme el cuello y sin aviso clavó sus colmillos en él. Sentí un fuerte dolor, quise apartarlo y empujarlo con todas mis fuerzas, pero lo único que logré hacer fue poner ambas manos en su pecho, apresuradamente él absorbía mi sangre, me acometía un sentimiento muy extraño, no puedo describirlo, era miedo, conmoción, y debo confesar, excitación. Cuando estaba a punto de terminar, me quedé sin fuerzas, y el dolor era más grande, era una opresión que me imposibilitaba respirar. El dolor cesó, la vitalidad me dejó e irremediablemente me desvanecí, sin perder un solo momento se hizo una profunda herida en la muñeca y me dio a beber de su sangre. El dolor reapareció, pero con mayor violencia e intensidad, y con una nueva sensación; SED. Me obsesioné por beber sangre, por alimentarme, mi ansiedad fue satisfecha por el primer infortunado que pasó cerca de ahí, era un hombre joven que colaboró a mi sobrevivir en mi primera noche como vampiro.

Jetzabel

3 comentarios:

El necio dijo...

Muy sexy el cuento mujer! :D eso me suena a fantasia por cierto :P ya veremos que se puede hacer (Y)

Miguel dijo...

Muy bien narrado, me gusto tu estilo, no sabia que escribieras, lo haces bien, felicidades!!!

BRIO dijo...

que bueno que no usabas freebsd en la compu, no hay soporte nativo para flash...

ejem... Muy chido tu post ... ó ... relato?

Saludos